domingo, 18 de julio de 2010

La Bahia de Cadiz

El otro día me impresionó bastante la noticia del crimen del barrio de Guillen Moreno, me quedé un rato pensando y no le encontré justificación alguna para entender tan siquiera la circunstancias, cuando el móvil fue el capricho de un plasma para venderlo y sacar dinero (exactamente 30 €) para seguramente, drogas, desde luego para comer no era.




A los pocos días, justo cuando estábamos toda España pendiente de ganar el campeonato del mundo, alegres, otro hombre vecino del mismo entorno, fue salvajemente asesinado, esta vez por miradas simplemente.



Desde hace tiempo voy viendo como los entornos a la bahía gaditana, va degradándose socialmente. Los ni ni, o los chavales más desfavorecidos del barrio que no han sido educados y socializados en su momento, se han convertidos en los sheriffs, los camellos tienen el título de “don”, los enfermos de adicciones graves en zombis que amenazantes, observan los bolsos de las señoras mayores, que como cada día, hacen las compras y los ancianos sufren de pánico al sacar a sus inseparables perritos, cuidados y gorditos, lentos, acompañándolos a sus pasitos, vigilantes de estos individuos que proliferan como si de sus corazones se hubiera borrado el sentimiento y solo latiera el mal, la ansiedad de consumir esas sustancias para poder pensar en volver a consumir más.



¿La crisis, el paro?, yo no lo creo, por que Cádiz desde que la conozco, lleva en crisis años.

Después veo el enorme índice de paro que afecta a esta población de la bahía y sus entornos, y miro hacia el puente ese nuevo de la Pepa, y me vuelvo a impresionar, y me pregunto cómo se pueden hacer primero esas infraestructuras tan costosas, cuando lo lógico seria que hicieran con esos millones de euros, que parecen enteramente que los fabrican y los regalan, fabricas de azulejos, de envases, de yo que sé, cualquier cosa que previo estudios de mercados, puedan crear esas riquezas que alimentan a una población, que hacen de la sociedad, una sociedad digna, y después ya, con esos enormes impuestos que se pagan por trabajar y vivir, hacer bonitos puentes, y seguramente les llamaríamos doña Pepa, porque lo pagamos todos.



La bahía, su hermosura, sus gaviotas, sus velas a levante, su gente, no sé, estamos siendo confundidos quizás por la vanidad de los que se imaginan pasar en sus lujosos coches, cruzando la bahía, llegando al corte inglés, qué bonito, y convirtiendo, si no al tiempo, a la paz, a su bahía, en el broms. Donde la vigilancia está empezando a lucir por su ausencia, donde existen iniciativas que no son oídas, pero claro, Cádiz seguirá votando a la reina de las fiestas y el turismo, y a sus amigos, que sudan cuando se estresan por dios, que hablan en murmullo, miran de reojo al pobre y cuando alguien huele a sudor, se apartan, sin preguntarle, sin saludarle si es que está mal o sobradamente bien, no sé, así desde luego nos va.









Y por razones como ésta pensamos que esta protesta es necesaria, por esto Cádiz Grita

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